pp biografia 2Pascual Peralt nace en Carcaixent en el año l919. Cursa sus primeros estudios en los Escolapios de Alcira, entre otros. Después, el conflicto civil y el drama familiar vivido durante la guerra, truncan sus ansias de estudiar en la universidad. Acabada la contienda aprueba unas oposiciones para la administración de justicia y, gracias a sus altas calificaciones, puede elegir como destino, una plaza en el Registro Civil de su ciudad  natal.

Creo personalmente que, a ese acontecimiento, debemos estar agradecidos todos los Carcagentinos, (un poco egoístamente, claro) pues el hecho de que se interpusiera en el destino de Pascual, nos ha permitido disfrutar durante su vida, de todo su carisma humano y; como no, del artístico.

Fue el varón menor en una familia numerosa, donde disfrutó de la independencia que conlleva la costumbre de criar, y el que se repartieran su cuidado unos y otros; con diferencia de edades, sexos y caracteres. Por eso,  ya durante su infancia, la diversidad de haber aprendido un poco de todos, le forjó cierto desparpajo, una personalidad independiente, y algo de rebeldía. Innumerables y simpáticas anécdotas, contadas por sus hermanos lo atestiguan.

Quizá por su caracter, a pesar de haber crecido en el seno de una familia con muchos estudios musicales, él no se encorsetó nunca bajo la disciplina que se necesita para una formación de esas características. Más tarde, (a la hora de cantar) él mismo lo reconocerá y lamentará muchas veces. Aunque eso sí, de tal convivencia con las partituras, heredó una bastísima cultura musical.

La primera relación autentica que le conocemos  con el teatro, me la contó él. Fue cuando su padre le encargó en “La mort del music” una parte de los efectos especiales. Entonces todavía no habían llegado en auxilio de los directores de escena, los aparatos registradores de sonido: Magnetófonos, videos, ordenadores, discos compactos, sampleres, mp3, etc., y por consiguiente, todos los ruidos que debían generarse fuera del escenario para ambientar la obra, se encargaban a varias personas que, o manejaban artilugios variopintos, o como es el caso que nos ocupa, se simulaban con la voz. A Pascual le cayó la misión de imitar el ruido de un cerdo que, por lo visto, en la obra pretendían matar.

No sabemos si fue por el gran éxito que obtuvo en su actuación, o porque su padre confiaba en el talento del chico, lo que motivó que, posteriormente, lo fuese introduciendo en el ambiente con algunos papeles menores. Personalmente creo que debió ser por lo segundo ya que, con apenas diecisiete años, le encomendó la responsabilidad del  “Padre Prior”, en la zarzuela  “La Dolorosa”.

Pronto estalla la guerra, y durante la larga agonía, quedaron diluidas o desaparecieron para siempre ilusiones y esperanzas de mucha gente. Pero por suerte para todos, y a pesar del particular calvario que le tocó vivir, las de Pascual, solamente permanecieron aletargadas.

Llega el año 1952, y como habréis tenido oportunidad de conocer aquellos a los que les atrajo la idea de sumergirse en nuestra historia; aparecen los primeros brotes de lo que acabaría siendo Ágora.

En la primera representación, nuestro hombre se encuentra arropado por un equipo con ilusión. Con ese grupo imprescindible para hacer teatro. Ésa gente que los profesionales no tienen más remedio que pagar, y que el empresario sabe que están porque les duele en la cartera. En los grupos aficionados también están, pero  apenas nadie nota: electricistas, carpinteros, habilidosos de lo que sea, regidores y hasta apuntadores. Esas personas en las que no cabe otro tipo de respuesta cuando algunos se preguntan. ¿Qué buscan esos ahí? Tan alejados de los aplausos. De las fotos. ¿Qué sacan de tanta molestia?: El teatro, su único motivo.

Y claro está, con gente así fue fácil arrancar.

A partir de esa fecha van desgranándose multitud de representaciones, donde la presencia de Pascual está en todos los frentes: recluta gente, organiza, dirige, actúa, y hasta canta.

La naturaleza lo ha dotado de una hermosa voz lírica de barítono-bajo, que ante sus carencias técnicas, sabe arropar de una manera especial con su talento interpretativo: “La Dolorosa”, “La Dogaresa”; y especialmente “La Tabernera del Puerto”.

En la memoria de todos está, (los que tuvimos la fortuna de verlo) la magistral interpretación de “Simpson”, en su romanza de “El negro” de la "Tabernera del Puerto" del compositor Pablo Sorozabal.  En su inimitable interpretación, se atrevía incluso con un final, del que he visto huir a varios prestigiosos interpretes.

Pasa el tiempo. La gente cambia; él no. Nuevas formas de pensar. Diferentes maneras de interpretar el arte escénico. Otros criterios artísticos. Caracteres encontrados. Pero nada le afecta. Él piensa que debe quedarse, pase lo que pase; pese a quien pese. Se vaya quién se vaya…

Para él no hay teatro si no se vive desde un escenario. De nada sirven obras escritas para poder leerlas. No le vale ir a ver como otros las representan. La magia está sobre las tablas. Allí es donde puede suceder de todo. No existen sitios como ése para poder convertirse en otro diferente, y experimentar  vivencias y sentimientos ajenos. Es el único lugar en donde puede suceder, hasta lo que imagina Pirandello en su “Seis personajes en busca de un autor”

Y por todo eso, y porque parece llevar el veneno del teatro pinchado en vena, cada vez que se produce una de tales crisis; él se queda. Y no sólo se adapta, sino que se convierte en la cuaderna maestra de un remodelado proyecto, del que devendrán todo un cúmulo de  representaciones. En definitiva: la piedra angular de un futuro larguísimo.

Es ahora cuando me toca y me complace juzgar su talento en escena. Alguien podría pensar que no soy el más indicado para ello por los vínculos que me unían a él, pero por encima de todo está, algo que me enseñó: “Nadie que aprecie el teatro puede dejar de ser el critico más severo con lo que hace

“La Mordaza”, “¿Conoce usted la vía Láctea?”, “Angelina o el honor de un brigadier”, “Fedra” o “La Boda”, entre otras muchas.

En cada una de esas interpretaciones consiguió que, a pesar de saber que el que estaba en el escenario no era otro que mi padre: acabara compadeciéndole, odiándole, riéndome de él, o con él. Y aunque su personaje fuera héroe o villano, payaso o perdedor; siempre me emocionó.

Hubo un momento en toda esta historia en que las fuerzas comenzaron a flaquearle, y creyó  que debía dejar en manos de otra persona las riendas de todo el tinglado. Pensó que debería ser alguien con especial amor al teatro, pero también sabía, por experiencia en esas crisis, que hay muchas clases de amor: amores platónicos, amores interesados, amores que matan. Tendría que encontrar a alguien con sentimientos perecederos y gran capacidad de sacrificio. Al final lo encuentra en la persona de Vicente Giner, (nuestro director actual), que junto a Salud Llopis (la Presidenta) se convierten, a partir de entonces, en proa y timón de Ágora. Es evidente, por lo que podemos ver en la actualidad, que no se equivocó.

 

 Pascual cae enfermo. Tiene que ser intervenido quirúrgicamente en un par de ocasiones. Pero no es ésa la circunstancia que nos hace temer por él. Una depresión fortísima parece ser el motivo por el que se distancie más y más cada día, y el “Grup de teatre Ágora” cree que es el momento de hacerle un homenaje.

Nuestro equipo directivo pensó, que los homenajes mejor en vida que después de muerto, y ahí que nos lanzamos. Corría entonces el año 1982.pp biografia 1

Pero todos nos olvidamos de que Pascual era un actor, y como si de otra representación se tratara y estuviera deleitándonos con una de sus excepcionales interpretaciones, aparentó (pues yo sé que permanecía latente) superar la enfermedad, y así tener la posibilidad de luchar contra el síndrome de abstinencia que, como el de una fuerte droga, le hubiese consumido más que la dolencia.

Su ansia de volver a los escenarios, nos devolvió la oportunidad, (que creíamos extinguida) de gratificarnos con su teatro durante veinte años más.

Por todo eso, voy a terminar con lo que ya dije de él en el 96, tomando prestada la ocurrencia de Pirandello, al que ya cité anteriormente, pues aunque un poco tergiversada, estoy convencido de que no hay otra manera mejor para definirle.

      Pascual, hasta su último aliento: Fue siempre un actor en busca de un personaje

La Ciudad de Carcaixent le otorgó la medalla de oro, por sus meritos artísticos, el 7 de Abril del año 2002.

 

Pascual Peralt, falleció el 17 de Agosto de 2006